Greenpeace: “El pronunciamiento del Tribunal Constitucional representa una victoria para el medio ambiente”

Por Roxana Núñez, abogada de Greenpeace y especialista en Incidencia de Campañas

“Hoy ganó el medio ambiente. Gracias a una gran defensa frente a estos retrocesos, logramos que una norma que debilitaba la protección de nuestros océanos no siguiera adelante. El Tribunal Constitucional confirmó que las micro-relocalizaciones de centros salmoneros no pueden quedar fuera de la evaluación ambiental. Esta victoria demuestra que defender las protecciones ambientales sí hace la diferencia y que no podemos dejar pasar ningún retroceso en esa materia.

La decisión del tribunal confirma que una distancia de hasta 350 metros no puede, por sí sola, ser utilizada para presumir que un nuevo emplazamiento no tendrá impactos ambientales. Como planteamos ante el Tribunal, en los fiordos y canales de la Patagonia esa distancia puede implicar condiciones ambientales completamente distintas y modificar los impactos de una actividad sobre el ecosistema.

Esta es sin duda una buena noticia para la protección de nuestros océanos y, especialmente, para las áreas protegidas de la Patagonia. La evaluación ambiental debe ser una herramienta preventiva y no puede ser reemplazada por criterios meramente cartográficos.

La resolución también aborda otros aspectos relevantes para la institucionalidad ambiental que implicaban importantes retrocesos en la materia. Entre ellos, el Tribunal declaró inconstitucional la norma que pretendía establecer indemnizaciones cuando un permiso ambiental fuera anulado por la justicia. Se trata de una decisión relevante, porque este tipo de mecanismos podía debilitar la capacidad de los tribunales para controlar la legalidad de las autorizaciones ambientales y generar incentivos para mantener vigentes permisos que posteriormente fueran considerados ilegales, puesto que la alternativa era que el costo de esas decisiones recayera sobre toda la ciudadanía. 

Esperamos conocer la sentencia completa para poder evaluar con precisión todos sus alcances. Sin embargo, lo resuelto hoy entrega una señal muy potente y puede marcar un precedente fundamental frente a los retrocesos ambientales: la protección del medio ambiente no puede ser sacrificada simplemente para acelerar inversiones.

El Tribunal Constitucional puso un límite concreto a normas que debilitaban nuestras protecciones ambientales y reafirmó que existen estándares que deben ser respetados. Hoy quedó demostrado que frente a los retrocesos ambientales, defender lo avanzado sí hace la diferencia”. 

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Author: Prensa Chile

Greenpeace advierte posibles vicios de constitucionalidad en la Ley de Reconstrucción Nacional

Por Roxana Núñez, abogada de Greenpeace y especialista en Incidencia de Campañas

Para Greenpeace, la exclusión de las denominadas micro-relocalizaciones del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental plantea serias dudas de constitucionalidad, porque reduce una herramienta destinada precisamente a prevenir daños ambientales antes de que ocurran.

Una distancia de hasta 350 metros puede parecer pequeña en un mapa, pero en ecosistemas frágiles -como lo son los fiordos y canales de la Patagonia- puede significar condiciones ambientales completamente distintas, con nuevos impactos sobre el fondo marino, la biodiversidad y la salud general del ecosistema. Por eso, no basta con establecer una distancia al azar para asumir que una relocalización no tendrá impactos relevantes.

A nuestro juicio, esta exclusión debilita el deber constitucional del Estado de proteger el medio ambiente y preservar la naturaleza, y puede significar un retroceso en los niveles de protección ambiental alcanzados por nuestro país. La protección del medio ambiente debe ser preventiva, lo que implica que si se cambia el lugar donde una actividad genera sus impactos, es necesario conocer las condiciones del nuevo emplazamiento y evaluar sus efectos antes de autorizarlo.

Por eso, desde Greenpeace esperamos que el Tribunal Constitucional acoja los requerimientos presentados y resguarde que cualquier modificación que pueda generar nuevos impactos ambientales sea debidamente evaluada. No se trata solo de cumplir con un procedimiento: se trata de garantizar el mandato constitucional de prevenir el daño ambiental, proteger el derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación y tutelar la preservación de la naturaleza.

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Author: Prensa Chile

Calor extremo en el verano del Hemisferio Norte: ¿cómo proteger a las personas en un mundo cada vez más caliente?  

Mientras el Hemisferio Norte atraviesa otro verano de temperaturas récord, sus consecuencias dejan una advertencia para todo el planeta: el calor extremo ya no es una excepción y prepararnos para enfrentarlo también es una decisión política. 

Por Mehdi Leman, Editor de contenido de Greenpeace Internacional, radicado en Francia

Como si vivieran dentro de un horno, así se sintieron las últimas semanas las millones de personas que viven desde Canadá y Estados Unidos a Francia y España, de Japón a Marruecos, de India a Pakistán. Aunque hoy estas imágenes nos lleguen desde el otro lado del mundo, lo que está ocurriendo no es un problema lejano ni exclusivo de su verano. El aumento de las temperaturas está haciendo que las olas de calor sean más frecuentes e intensas en distintas regiones del planeta, también en el Hemisferio Sur. 

En Europa occidental este junio fue el más caliente desde que se tienen registros, a lo que se sumaron incendios feroces en julio y olas de calor repetidas en Francia, España, Italia, Alemania y el Reino Unido. Los primeros análisis sugieren que a finales de junio de 2026 la ola de calor habría causado la muerte de 20.000 personas en una sola semana (más de 10.000 muertes por encima de lo esperado para esa época del año), sobre todo en adultos de más de 65 años. En particular, las autoridades de salud francesas reportaron que hubo 5700 muertes más durante la ola de calor histórica de junio.

A la par, los países que ya están acostumbrados a veranos brutales están siendo empujados más allá de los límites humanamente tolerables. En India, un estudio estimó que un solo día de calor extremo podría provocar alrededor de 3.400 muertes más de las esperadas, mientras que una ola de calor de cinco días podría elevar esa cifra a cerca de 30.000 en todo el país. Pakistán y otros países del Golfo Pérsico también están sufriendo condiciones “muy calurosas y muy húmedas” que hacen que trabajar al aire libre sea insoportable y que inclusive caminatas cortas, sean peligrosas. Japón declaró a las recientes olas de calor “un desastre”, después que más de 10.000 ciudadanos acudieran al hospital en una semana sólo por golpes de calor.

En tanto, Marruecos enfrenta sucesivas olas de calor, estrés hídrico y alertas naranjas, con temperaturas que alcanzan los 44 a 46°C en distintas provincias, y condiciones que aumentan el riesgo de  nuevos incendios forestales.

Incendios forestales en Gironda, Francia.© Astrid LAGOUGINE / Greenpeace

Este combo de eventos extremos no puede adjudicarse “al verano”. Hay que hablar con precisión y decir que estamos ante una crisis climática alimentada por la industria de combustibles fósiles y recargada por un fuerte fenómeno de El Niño. El resultado: temperaturas récord y regiones enteras cada vez más expuestas a incendios forestales, que arrasan bosques secos y obligan a cientos de miles de hombres y mujeres a huir de las zonas afectadas. A la par, ni el hecho de que el Tour de France deje de permitir espectadores ni que los jugadores del torneo de tenis Roland Garros o del Mundial de fútbol se esfuerzan por recuperar el aliento y rendir en un clima peligroso, termina de llamar la atención. 

Las consecuencias del calor extremo en las personas, el sistema alimentario y los ecosistemas

El calor extremo no sólo genera estrés a nivel físico sino también mental y del sueño. Puesto que, cuando las noches continúan siendo calientes y húmedas, el cuerpo no puede bajar su temperatura y esto lleva a perder horas de descanso. Investigadores comprobaron que durante los últimos cinco años, las altas temperaturas hicieron que una persona promedio perdiera alrededor de 56 horas de sueño por año. Además, puede hacer que las reacciones sean más lentas, empeorar la concentración y la toma de decisiones. A su vez, está ligado a un mayor riesgo de sufrir ansiedad, depresión y otros problemas de salud mental, en especial en personas mayores y aquellas que ya viven con enfermedades de este tipo. 

© Jilson Tiu / Greenpeace

Los daños también se dan en los sistemas de los que dependemos. El calor extremo y la sequía ponen en riesgo las cosechas y la seguridad alimentaria en muchas regiones, mientras empujan a especies claves y a ecosistemas enteros al colapso a través del blanqueamiento de corales, el deterioro de los bosques, los incendios más recurrentes y los océanos más calientes y ácidos. 

Mazorcas de maíz que no lograron alcanzar la madurez debido al calor intenso y a un periodo de sequía. © Bente Stachowske / Greenpeace

La experiencia de las ciudades que hoy enfrentan temperaturas extremas deja aprendizajes que trascienden fronteras. Cómo construimos nuestras viviendas y ciudades, cuánto verde tienen nuestros barrios, qué condiciones enfrentan quienes trabajan al aire libre y qué capacidad tienen los Estados para responder ante una ola de calor pueden marcar una enorme diferencia.

Cómo hacer habitables las ciudades en un mundo más caliente 

Proteger a la ciudadanía de las amenazas que implican las temperaturas en aumento requiere de decisiones políticas ambiciosas que busquen adaptar a las ciudades, mejorar viviendas y espacios públicos y abrir refugios climáticos donde refrigerarse.  El calor tampoco afecta a todas las personas por igual: quienes viven en viviendas precarias, trabajan al aire libre o habitan barrios con menos árboles y espacios verdes suelen estar mucho más expuestos a las altas temperaturas. Hay ejemplos de varios gobiernos municipales que empezaron a adaptar conjuntos habitacionales mediante el uso de aislamiento térmico, sistemas de sombreado, una mejor ventilación y techos fríos para reducir la temperatura en el interior en varios grados, especialmente en edificios de mala calidad constructiva y en asentamientos informales. 

Asimismo, programas en España, Francia (aunque está bastante rezagado en sus metas) y Alemania muestran que renovar viviendas sociales en pos de lograr eficiencia energética puede reducir los costos de las facturas de energía en los crudos inviernos y en los veranos de calor extremo, en particular cuando se acompañan de techos solares y energía comunitaria. 

Hay que tener presente que en este contexto, la infraestructura verde es tan importante como las cañerías y el asfalto. Las imágenes térmicas tomadas por Greenpeace en Madrid, Roma, Londres y ciudades de India dejan en evidencia que las calles y manzanas sin árboles ni parques cercanos pueden estar 10°C más calientes que las zonas con áreas verdes cercanas, mientras que la vegetación y los espacios con agua pueden reducir la temperatura de la superficie entre 15 °C y 20 °C en algunas zonas

Londres alcanza temperaturas superficiales sofocantes, según imágenes de cámaras térmicas captadas para Greenpeace Reino Unido durante la ola de calor que batió récords.
© TI Thermal Imaging / Greenpe

Abrir los parques y las piscinas públicas por las noches y los fines de semana, plantar más árboles en las calles y en las veredas, en especial en las cercanas a escuelas, restaurar humedales urbanos y ríos y reducir el tráfico urbano son todas medidas que ayudan a enfriar las ciudades y protegerse del calor. 

Una persona de espaldas sentada, remojando sus piernas en una fuente de agua.
Ola de calor en Alemania.
© Dmitrij Leltschuk / Greenpeac

Los recubrimientos blancos o reflectantes para techos, desde los tradicionales encalados del Mediterráneo hasta las modernas pinturas “frías” utilizadas en ciudades como Ahmedabad, Los Ángeles y Casablanca, también están demostrando ser una forma económica de refrescar barrios enteros. Sus beneficios son especialmente importantes para las comunidades de menores recursos, que a menudo viven en las viviendas más expuestas al calor. 

Nuevas reglas y servicios públicos para una era de calor extremo 

Mientras el calor extremo se convierte en una amenaza habitual, los gobiernos están empezando a introducir leyes y protecciones que deberían existir desde hace muchos años atrás. Por ejemplo, Sevilla y Atenas comenzaron a nombrar y clasificar las olas de calor según su gravedad, de manera que activan planes de emergencia según su categoría. En París y Bangkok se abren refugios climáticos (lugares de paso donde se para para refrigerarse) en librerías, escuelas, iglesias y salas comunitarias. Sin embargo, su cobertura suele ser desigual y no llega a los barrios más pobres ni a las personas que no cuentan con medios de transporte. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros organismos de salud recomiendan desarrollar planes de acción para enfrentar las olas de calor que contemplen inversiones en servicios públicos, sistemas de alerta temprana y redes eléctricas capaces de resistir eventos extremos. La OMS y otros organismos de salud recomiendan poner especial foco en las personas que no tienen la posibilidad de trabajar desde sus hogares ni de refugiarse en zonas más frescas. 

Frenar el calor producido por los combustibles fósiles, desde la fuente 

Finalmente, debemos decir que “Beber agua y mantenerse en lugares frescos” no es ya una  medida de prevención suficiente en un mundo donde el calor está matando a una persona por minuto en el mundo, aproximadamente, y donde eventos extremos como los de junio y julio de 2026 se están convirtiendo en la norma y no en la excepción. Entonces, lo más eficaz que podemos hacer para combatir el calor extremo es dejar de quemar carbón, petróleo y gas lo antes posible y reemplazarlos por energías renovables y sistemas más eficientes, que sean justos para los trabajadores y para las comunidades. 

Hay que remarcar que esta crisis es profundamente injusta. Las personas que están muriendo primero y en mayor número a causa del calor en India, Pakistán, Marruecos o los países del Golfo Pérsico son quienes menos contribuyeron a provocarla. Y esa desigualdad también se reproduce dentro de cada país y cada ciudad: no enfrenta el calor de la misma manera quién puede refrigerar su vivienda, trabajar en un espacio acondicionado o trasladarse a un lugar más fresco que quien trabaja al aire libre o vive en un barrio con menos árboles, espacios verdes y servicios públicos. Un reducido grupo de países ricos y grandes corporaciones fue responsable de la mayor parte de la quema de combustibles fósiles y continúa obteniendo beneficios de ella. 

Activistas de Greenpeace Italia dejaron que tres esculturas de hielo se derritieran al sol cerca del Coliseo para denunciar el impacto del calentamiento global en los trabajadores.
Las esculturas representaban a un obrero, un trabajador de la construcción y un repartidor, integrantes de algunos de los colectivos más expuestos a las olas de calor, las cuales ponen en riesgo a casi uno de cada diez trabajadores. Los activistas también exhibieron el mensaje: «Las empresas de combustibles fósiles se enriquecen mientras nosotros nos derretimos»
«Las empresas de combustibles fósiles se enriquecen mientras nosotros nos derretimos»
© Greenpeace / Francesco Alesi

Por fortuna, muchas de las muertes y la devastación que estamos viendo todavía pueden ser prevenidas. Hemos llegado a un punto en que las políticas y las reglas moldean, casi de manera literal, quién vive o muere en una ola de calor, y quiénes deben enfrentarla solos.

Por todo lo dicho, el calor es político. O bien las compañías fósiles siguen cobrando regalías mientras la ciudadanía colapsa de calor en sus hogares, o los gobiernos comienzan a respaldar viviendas mejor preparadas para enfrentar el calor, ciudades más verdes, servicios públicos más robustos y una transición rápida y justa para dejar atrás los combustibles fósiles que están convirtiendo el calor extremo en un fenómeno con víctimas masivas. 

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Author: Meri Castro

Greenpeace: “No podemos normalizar las ‘excepciones’ en la protección a las infancias”

© Greenpeace

En el marco del Día de la Niñez, la organización advirtió que niños, niñas y adolescentes siguen siendo los principales afectados por los episodios de contaminación que afectan a Quintero y Puchuncaví, una realidad que se ha repetido durante los últimos años y que evidencia la deuda pendiente con quienes crecen en las zonas de sacrificio.

08 de agosto, 2026. Mientras este domingo Chile celebra el Día de la Niñez, en Quintero y Puchuncaví cientos de niños, niñas y adolescentes continúan enfrentando una realidad muy distinta: asistir a clases con el riesgo permanente de sufrir episodios de contaminación que terminan en intoxicaciones, atenciones de urgencia y suspensión de actividades escolares.

Solo entre el 21 de abril y el 14 de mayo de este año, según datos recopilados por la organización (tras solicitar antecedentes a la Seremi de Salud de Valparaíso, la Municipalidad de Puchuncaví y la Subsecretaría de Educación), seis episodios de contaminación ambiental han afectado a ocho establecimientos educacionales de ambas comunas. En ese período se registraron 170 atenciones de salud, de las cuales 108 correspondieron a menores de edad.

Los casos se concentraron en jardines infantiles, escuelas, colegios y un centro de formación técnica, con síntomas que se repitieron en cada uno de los episodios: cefalea, dolor abdominal, náuseas, mareos, vómitos, dificultad respiratoria, dolor de garganta, prurito ocular y dolor torácico. Además, 95 personas fueron diagnosticadas con sospecha de intoxicación por gases y vapores (el famoso código T-59 de la Clasificación Internacional de Enfermedades).

© Greenpeace

Para Greenpeace, estos antecedentes demuestran que las intoxicaciones continúan ocurriendo y que la niñez sigue siendo la principal víctima de la contaminación generada por el cordón industrial de la bahía. “Niños y niñas deberían poder crecer en entornos seguros, donde respirar no represente un riesgo para su salud. Sin embargo, en Quintero y Puchuncaví seguimos viendo que son precisamente ellos los más afectados cada vez que ocurre un episodio de contaminación. Como país, no podemos continuar normalizando estas ‘excepciones’ en la protección a las infancias”, aseguró Roxana Núñez, abogada de Greenpeace.

Los episodios registrados este año se suman a los ocurridos entre septiembre y noviembre de 2025, cuando se registraron cientos de atenciones de salud entre estudiantes y funcionarios de establecimientos educacionales.


Para la organización, la reiteración de estos eventos demuestra que no se trata de hechos aislados, sino de un problema ambiental y sanitario que continúa afectando de manera desproporcionada a niños, niñas y adolescentes. “No basta con reaccionar cada vez que ocurre una intoxicación. Después de años de episodios similares y de sentencias categóricas desde la propia Corte Suprema, el Estado chileno sigue sin garantizar el derecho de estos niños y niñas a vivir, estudiar y desarrollarse en un ambiente libre de contaminación. Ese es un derecho básico que hoy continúa siendo vulnerado”, agregó Núñez.

© Greenpeace

En el marco del Día de la Niñez, Greenpeace hizo un llamado a las autoridades a adoptar medidas efectivas que prevengan nuevos episodios de contaminación, permitan identificar oportunamente las sustancias responsables y aseguren la protección de quienes viven en la bahía.

“En esta celebración hablamos de regalos, de cuidados y del cariño con que queremos que crezcan los niños y niñas. Pero antes de todo eso hay algo que el Estado debe garantizar: su derecho a vivir, jugar y estudiar en un ambiente libre de contaminación. Mientras eso no ocurra en Quintero y Puchuncaví -y en cualquier otra parte de nuestro país- seguiremos teniendo una deuda inaceptable con estas infancias”, concluyó la abogada de Greenpeace.



Cierre de las termoeléctricas de Quintero-Puchuncaví

Exige el cierre de las centrales en Quintero-Puchuncaví de manera inmediata y un plan de cierre total de carboneras.


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Author: Prensa Chile

Ballenas: los espíritus antiguos que aún enseñan a habitar el mar

Letiicia Caro. La comunidad Kawésqar Grupos Familiares Nómades del Mar recuerda que las ballenas son mucho más que una especie emblemática. Crédito: Greenpeace

En el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, la comunidad Kawésqar Grupos Familiares Nómades del Mar recuerda que las ballenas son mucho más que una especie emblemática. Son parte de la memoria, la espiritualidad y el equilibrio del territorio. Una forma de entender el océano que hoy contrasta con las crecientes amenazas que enfrentan estos gigantes marinos en los canales australes.

08 de agosto, 2026. Para algunas comunidades Kawésqar, el mar nunca ha sido solo un paisaje. Es el lugar donde se construye la identidad, donde habita la memoria y desde donde se transmite el conocimiento entre generaciones. En sus aguas se aprende cuándo navegar, cuándo pescar, qué especies respetar y cómo convivir con un territorio cuyos ciclos naturales son la base de la vida.

“Para nuestra comunidad el mar, representa identidad, subsistencia, modo de vida; es una gran energía, el mar son miles de años de recorrido, la memoria recorre cada ola y cada marejada, está en primer lugar por eso lo defendemos“, asegura Leticia Caro, de la Comunidad Kawésqar Grupos Familiares Nómades del Mar.

Esa forma de entender el territorio se transmite de generación en generación. Según relata Caro, el conocimiento sobre el mar no se aprende únicamente desde la experiencia cotidiana, sino también a través de relatos que enseñan a observar y respetar los ciclos de la naturaleza. De esa manera, la comunidad distingue qué especies pueden aprovecharse, cuáles deben permanecer intactas y en qué momentos corresponde hacerlo, entendiendo que la subsistencia depende precisamente de mantener el equilibrio del ecosistema.

Reserva Kawesqar Crédito: Greenpeace

Más que reglas, se trata de una forma de habitar el territorio. El respeto por los ciclos reproductivos, por los lugares de pesca, por el viento, el oleaje y ciertos sitios considerados sagrados constituye un conocimiento construido durante siglos de convivencia con el mar.

Dentro de esa cosmovisión, las ballenas ocupan un lugar especialmente significativo. Su presencia anuncia cambios en los ciclos naturales, conecta a las comunidades con su historia y forma parte de relatos y ceremonias que han acompañado a algunas comunidades desde tiempos ancestrales. Cuando antiguamente una ballena varaba de manera natural, no solo proveía alimento y materiales para fabricar herramientas, sino que también daba origen a ceremonias donde distintas familias se reunían durante semanas para compartir, descansar y fortalecer los vínculos espirituales con sus antepasados.

“Las ballenas forman parte importante del modo de vida antiguo y actual pues forman parte de los ciclos naturales del territorio; el tiempo de las ballenas trae consigo alimento, historias y conexiones, son espíritus antiguos”, resume Caro.

Ballena Jorobada en patagonia chilena  © Cristobal Olivares / Greenpeace

Desde esa mirada, proteger a las ballenas significa también proteger la historia y la memoria del territorio. No solo porque cumplen un rol fundamental en el equilibrio del ecosistema, sino porque representan una forma de relacionarse con la naturaleza que ha permitido a diversas comunidades convivir con ella durante generaciones, incluso en aquellos lugares donde los elementos golpean con más fuerza.

Sin embargo, esa convivencia enfrenta hoy crecientes amenazas. La expansión de la salmonicultura, el aumento del tráfico marítimo y la contaminación han transformado profundamente los canales australes. Según explica la dirigenta, estos cambios han reducido la disponibilidad de especies nativas, deteriorado playas de pesca y modificado incluso las formas tradicionales de vida de las comunidades costeras, obligando a muchas personas a abandonar las actividades de subsistencia.

Es en ese contexto donde adquiere especial relevancia la preocupación por las ballenas que mueren producto de actividades humanas. Hace poco más de un año, la Comunidad Kawésqar Grupos Familiares Nómades del Mar, junto a Greenpeace, presentó una querella tras el hallazgo de una ballena jorobada muerta y enmallada al interior de la Reserva Nacional Kawésqar. Para la comunidad, el caso refleja una amenaza que trasciende la pérdida de un ejemplar: representa el impacto que la actividad industrial puede tener sobre especies que forman parte del patrimonio natural y cultural del territorio.

En el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, la invitación de la comunidad es también una llamada a mirar el océano desde otra perspectiva: entender que conservar la biodiversidad implica reconocer los conocimientos de quienes han convivido con ella durante siglos.

De ese modo, la invitación de Caro es a unirse a los esfuerzos para proteger el mar: “Aprenderemos que es posible un mundo distinto sin depredación, sin ballenas enmalladas… aprendan lo magnífico que es el mar que nos provee gratis de todos sus parabienes, vengan con nosotros a proteger el mar”.



Defiende a las ballenas

En la actualidad, la cacería sigue siendo una amenaza para estos cetáceos, aunque otras causas ambientales también están afectando su supervivencia.


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Author: Prensa Chile